Santa Maria de la Expectación

Ficha Técnica

AUTOR: JUAN ALBERTO PÉREZ ROJAS.
PROMOTOR: DON JOSÉ LÓPEZ SOLÓRZANO.
CRONOLOGÍA: 2011.
MATERIALES: MADERA DE CEDRO, DORADA, ESTOFADA Y POLICROMADA, PLATA DE LEY Y CRISTAL.
MEDIDAS: 110 CM. DE ALTURA.
OTROS COLABORADORES: TALLER DE ORFEBRERÍA DE JESÚS DOMÍNGUEZ.
LOCALIZACIÓN: PARROQUIA DE LA ENCARNACIÓN DE MARBELLA (MÁLAGA).

La obra está diseñada y tallada en madera de cedro por el escultor e imaginero Juan Alberto Pérez Rojas, natural de la bella localidad de Ronda. Afincado en Sevilla, es en esta ciudad dónde cursó los estudios de Bellas Artes y posteriormente amplió sus conocimientos en el taller del profesor Juan Manuel Miñarro, todo un referente en el mundo de la escultura y la restauración de la misma.
La obra se compone de la imagen de la Virgen María dispuesta sobre una nube, mientras dos ángeles-niño vuelan junto a Ella, formando un todo homogéneo. El conjunto está representado en tamaño menor al natural, pues la altura del mismo es de 110 centímetros.

La Virgen María es de talla completa, esto es, de bulto redondo y terminada en todas su partes, por lo que puede ser contemplada correctamente desde todos los puntos de vista, a pesar de que la visión preferente que va a tener el público va a ser la frontal, pues la imagen va a presidir el manifestador de la parroquia de Santa María de la Encarnación de Marbella (Málaga).

El tema escogido para la ocasión es la Expectación de la Virgen María, es decir, la espera de la Natividad o del parto de la misma, por lo que María es representada en avanzado estado de gestación, embarazada, en cinta. No es la primera vez que Juan Alberto realiza un tema mariano, pero sí este en concreto. En cuanto a los ángeles, cabe recordar que nuestro escultor es todo un especialista como lo demuestran los realizados para colecciones particulares y distintas hermandades de Málaga y su provincia, en las que ha desarrollado ángeles mancebos, pasionarios, cirineos y cabezas de ángeles.
La Virgen que nos ocupa, como hemos indicado antes, se encuentra dispuesta sobre una nube, mientras dos ángeles-niño vuelan junto a Ella. El conjunto muestra un canon esbelto, de elegante silueta, que incluso nos recuerda el manierismo en el largo y arqueado cuello de María. La Virgen está en pie y viste los clásicos colores marianos: túnica o vestido color jacinto, manto azul y toca blanca-beige. La policromía y estofado de los ropajes es brillante en todas su partes, con estampaciones de elementos vegetales, florales, cintas y asimetrías que destacan en tonos celeste, verde, rojo, blanco y oro. Muestra un muy delicado y leve contrapposto avanzando la pierna izquierda, que se insinúa bajo la túnica, dejándose asomar el pie calzado por sandalia. La túnica se muestra ceñida al talle por una cinta o cíngulo, lo que realza la creciente barriga de la Santísima Virgen María. Sobre ella posa suavemente su mano izquierda en ademán de palpar algún movimiento del pequeño Jesús. Contrariamente su brazo derecho lo extiende en esperanzado gesto con la mano abierta en señal de ofrecimiento.

El manto es azul, con excelente cenefa perimetral dorada y la vuelta de color celeste. Cubre el hombro derecho entero, dejando más despejado el izquierdo y está recogido por las puntas por ambos brazos desarrollándose por toda la parte posterior de la imagen con gran acierto y bellísima composición.
El óvalo del bello rostro de la Virgen, queda enmarcado por la cabellera y ésta a su vez por una sencilla toca, abierta y suelta,  que cae sobre sus hombros y la parte posterior de la imagen. María inclina suavemente  la cabeza hacía su derecha, lado por donde se deja caer adelantado un largo mechón de la morena cabellera de la Virgen. Peina con raya en medio, dejando despejado la totalidad del rostro y a la vista parte de los pabellones auditivos. Los mechones son largos y poco pronunciados, tan sólo algo sinuosos. Es decir, María ha sido representada con una larga melena de pelo liso y moreno. El rostro es de suave modelado y de cierto recogimiento, buscando la denominada unción sagrada, presentando pequeña boca de labios cerrados, fina y larga nariz, expresivos ojos de vidrio y delgadas y arqueadas cejas.

La encarnación de la imagen es mate, realizada en tonos suaves, en la que destacan zonas rosáceas para destacar sus mejillas.
Respecto a la nube celestial, sobre la que se dispone la Virgen, destaca la homogeneidad de su redondeada forma. Sobre ella y junto a la Virgen vuelan dos ángeles-niño y en la parte frontal asoma una cabeza alada de ángel. Santa María de la Expectación

Los dos ángeles-niño escoltan a la Virgen y levantan uno de sus brazos en ademán de presentárnosla, a la vez que casi la sujetan recordándonos escenas de la Asunción. Con el brazo contrario agarran cada uno de ellos un ramillete de azucenas, simbolizando la pureza de la Virgen María. La colocación de esta pareja de ángeles nos abre claramente la composición de la obra por la parte inferior, dotándola de una forma piramidal o de triángulo, cuyo vértice alto es precisamente la cabeza de la Virgen María, quedando el Niño Jesús, aún no nacido, justo en el centro de la composición. Dichos ángeles-niño se muestran casi desnudos, tan sólo cubiertos por un pequeño y suelto paño, que sin embargo nos deja apreciar toda la infantil anatomía de los mismos, todas sus tiernas redondeces. En contraposición con la Virgen, estos ángeles poseen los pómulos claramente marcados y cabelleras de mechones más marcados, volumétricos y revueltos.

La obra escultórica se completa con los trabajos realizados plata de ley por el taller de orfebrería de Jesús Domínguez. Éstos son los dos pequeños ramilletes de azucenas que portan los ángeles-niño y la aureola que luce sobre la cabeza la Santísima Virgen María, que se ha materializado en un círculo de nubes del que asimétricamente partes grupos de haces de rayos biselados, causando un efecto de gran barroquismo.

ICONOGRAFÍA
La representación de la Virgen María en avanzado estado de gestación, no es del todo extraña en España, donde ya desde el siglo XIII tenemos ejemplos como la conservada en la Catedral de León. Se festejaba desde la época visigoda, y en el Concilio de Toledo del año 656 la Expectación de la Virgen se trasladó al 18 de diciembre, separándose de la Anunciación de la Virgen María (25 de marzo). En 1573 Gregorio XIII refrendó la fiesta de la Expectación del parto.
Esta escena cronológicamente hay que situarla entre la Visitación de la Virgen María a su prima Isabel (con festividad el 2 de julio) y el Nacimiento de Jesús (25 de diciembre). En España y Portugal este tema ha sido muy popular y se ha denominado de tres maneras diferentes: Esperanza, Expectación y Nuestra Señora de la O. Esta última advocación parece que deriva de las antífonas que se cantan en la semana previa a la Navidad, entre el 17 y 23 de diciembre, pues todas comienzan con la exclamación O (rezo de las Oes).

La escena más común en que se puede apreciar el embarazo de la Virgen María es la anteriormente denominada de la Visitación de María a su prima Isabel, en que ambas están en estado de gestación. Incluso a veces, en el mundo de la pintura se han representado los embriones de Jesús y Juan bautista en el interior de sus madres. Extrapolado al mundo de la imaginería y la escultura, podemos advertir, como en España ha sido común representar a la Virgen de la Expectación o de la O con el vientre trasparente en forma de ostensorio y mostrando a Jesús en el interior o con una O resplandeciente y una representación del Niño Dios en medio. Este tema también enlaza con las denominadas Vírgenes-Sagrario, pues bien vale recordar que María se tiene como el primer Sagrario que hubo, pues en su interior y durante nueve meses estuvo el cuerpo de Cristo.
En cuanto a los ángeles-niño que escoltan a la Virgen María, podemos indicar que en Francia se encuentran a partir del siglo XII representaciones de estos ángeles alrededor de la Virgen. Sin embargo, las cabezas aladas se empiezan a materializar y difundir en el renacimiento. Aunque la cabeza alada es una forma imperfecta y en ocasiones rara, es aún así la mejor forma de representar a un ángel, pues ellos son seres inmateriales y por tanto con tan solo una cabeza y dos alas se puede simbolizar a la vez que destacar  dos de sus características fundamentales: la inteligencia (cabeza) y la velocidad de sus movimientos (alas).

Nota: Álvaro Dávila-Armero del Arenal, licenciado en historia del Arte. Fotos realizadas por Roberto Villarrica.